Un día en el hospital templario de Puente la Reina: así vivían los caballeros que cuidaban a los peregrinos del Camino
La Iglesia del Crucifijo, atribuida al Temple desde el siglo XII, todavía recibe cada día a caminantes hacia Santiago. Reconstruimos, con la Regla de la Orden en la mano, cómo era realmente la jornada de quienes la fundaron.
Un templo que empezó siendo un hospital, no un cuartel
En Puente la Reina, en pleno Camino Francés navarro, se levanta la Iglesia del Crucifijo, cuya construcción primitiva bajo la advocación de Santa María de los Huertos se atribuye a la Orden del Temple ya en el siglo XII, según reconoce el propio Ayuntamiento de la localidad. Lejos de la imagen del templario exclusivamente guerrero, este enclave revela una faceta menos conocida de la Orden: la de hospitalera, dedicada a acoger, alimentar y curar a los miles de peregrinos que cada año cruzaban Navarra camino de Compostela.
Antes del amanecer: maitines y el primer oficio
La Regla del Temple organizaba el día en torno al rezo de las horas canónicas, igual que en cualquier monasterio: la jornada de un hermano templario destinado a un hospital como el de Puente la Reina comenzaba antes del amanecer, con el oficio de maitines, seguido de laudes ya con primera luz. Solo después de esos rezos comenzaba el trabajo material: revisar el estado de los peregrinos alojados durante la noche, preparar las raciones del día y atender a quienes hubieran caído enfermos o heridos en el camino.
El mediodía: la comida en silencio y las raciones reguladas
La propia Regla fijaba con detalle la alimentación de los hermanos: tres raciones de carne por semana en los conventos, dos platos los domingos, y comidas realizadas en silencio mientras se leía en voz alta un texto religioso, una disciplina que también regía, con matices, en los hospitales de la Orden. Los peregrinos alojados recibían atención médica básica según los conocimientos de la época, alojamiento nocturno y, en muchos casos, provisiones para continuar viaje al día siguiente, financiadas con las rentas agrícolas de las encomiendas cercanas.
La leyenda de la cruz en forma de "Y"
El propio templo guarda un símbolo que conecta ese pasado hospitalario con la posteridad: un gran crucifijo gótico del siglo XIV, con los brazos en forma de "Y", que según la tradición local fue entregado por un grupo de peregrinos alemanes agradecidos por el trato recibido en el hospital, ya bajo gestión de la Orden de San Juan tras la disolución del Temple en 1312. No existe documentación que confirme ese origen concreto de la talla, pero la leyenda ilustra bien el papel que estos hospitales templarios y sus herederos jugaron durante siglos en la memoria de quienes recorrían el Camino.
Cómo visitarlo hoy
La Iglesia del Crucifijo sigue siendo, ocho siglos después, uno de los primeros hitos que ven los peregrinos al entrar en Puente la Reina, con acceso habitualmente abierto y gratuito. Se puede visitar en pocos minutos antes de cruzar el célebre puente románico sobre el río Arga que da nombre a la localidad, dentro de una etapa que suele combinarse con Cizur Menor y con el debate abierto en torno a la cercana ermita de Eunate.