Novillas, el pueblo que fue la capital templaria de Aragón y del que casi no queda nada en pie
Antes que Zaragoza, antes que Ambel, antes que ningún otro enclave del valle medio del Ebro, fue Novillas la encomienda de referencia del Temple en Aragón. Hoy, de aquel poder, apenas sobrevive el nombre.
La primera gran encomienda del valle del Ebro
Cuando Alfonso I el Batallador conquistó el valle medio del Ebro hasta Tudela en 1119, Novillas se convirtió en uno de los primeros enclaves fronterizos consolidados del incipiente reino de Aragón, con una torre-castillo que controlaba el paso del río. Poco después, la Orden del Temple recibió allí una donación que dio origen a la que los historiadores consideran la encomienda templaria más antigua e importante de todo el valle medio del Ebro, con un dominio tan extenso que, en sus primeras décadas, incluso la propia ciudad de Zaragoza dependió administrativamente de ella.
Un cartulario que sobrevivió cuando el castillo no lo hizo
En 1151, los templarios otorgaron carta puebla a los habitantes de Novillas, consolidando su papel como cabecera administrativa de una red de encomiendas que se extendería después hacia Ambel, Boquiñeni o Ricla. Buena parte de lo que hoy se sabe sobre esos primeros años del Temple en Aragón procede precisamente de Novillas: el llamado Cartulario del Temple de la encomienda de Novillas, conservado en el Archivo Histórico Nacional y fechado en el último tercio del siglo XII, es una de las fuentes documentales más valiosas para reconstruir la primera etapa de la Orden en la región, mucho antes de que existiera el archivo, más completo pero también más tardío, de la vecina Ambel.
Por qué no queda nada en pie
Y sin embargo, del poder que tuvo Novillas apenas sobrevive rastro material: no se conservan restos identificables de las edificaciones templarias, ni del castillo original ni de la casa conventual. Con el paso de las décadas, el peso administrativo se fue trasladando hacia otras encomiendas de la zona, como Ambel, y tras la disolución de la Orden en 1312, el enclave pasó a la Orden de San Juan de Jerusalén, que dejó allí, en cambio, un elegante palacio renacentista que sí ha llegado hasta nuestros días, en marcado contraste con la ausencia casi total de vestigios templarios anteriores.
Una parada más para reflexionar que para fotografiar
A diferencia de Ambel, con su archivo casi intacto, o de Gardeny, reconvertido en centro de interpretación, Novillas ofrece hoy una experiencia distinta: caminar por un pueblo pequeño a orillas del Ebro sabiendo que, ochocientos años atrás, desde allí se administraba un territorio que llegaba hasta la propia capital aragonesa, sin que quede ningún muro concreto que lo demuestre a simple vista. Para quienes recorren la comarca del Campo de Borja visitando Ambel y sus bodegas, una breve parada en Novillas añade a la ruta esa reflexión, poco habitual en el turismo templario, sobre lo que el tiempo termina borrando incluso de las instituciones más poderosas de su época.