Peñíscola, el castillo templario que nunca llegaron a terminar
Las obras de esta fortaleza en el mar comenzaron en 1294 y quedaron interrumpidas por la caída de la Orden en 1307; un siglo más tarde acabaría convertida en sede de un papa depuesto
Una fortaleza inacabada
En 1294 el rey Jaime II de Aragón negoció con la Orden del Temple el intercambio de la plaza de Peñíscola por la ciudad de Tortosa, y la península rocosa que hoy conocemos como «la ciudad en el mar» pasó a manos templarias. Los frailes Berenguer de Cardona y Arnaldo de Banyuls impulsaron entonces la construcción de un castillo levantado sobre los restos de una antigua alcazaba árabe, siguiendo el mismo modelo arquitectónico que la Orden había empleado en sus fortalezas de Tierra Santa: una arquitectura sobria, de marcado carácter cisterciense, sin ornamentación superflua.
Las obras no llegaron a completarse. En 1307, cuando el proceso contra el Temple ya se extendía por toda Europa, la construcción se detuvo de forma abrupta. Se calcula que en toda Europa llegaron a levantarse unos ochocientos castillos de este tipo templario, de los que apenas ha sobrevivido un centenar hasta la actualidad; Peñíscola es uno de los pocos que, además de sobrevivir, tendría todavía un segundo gran capítulo por delante.
De fortaleza abandonada a sede pontificia
Tras la disolución de la Orden, el castillo quedó prácticamente abandonado durante un siglo, hasta que en 1411 un aragonés de setenta y tantos años, Pedro Martínez de Luna —conocido como Benedicto XIII, el «Papa Luna»— lo convirtió en su residencia y en biblioteca pontificia. Elegido papa en 1394 durante el Cisma de Occidente, que llegó a dividir a la cristiandad entre hasta tres pontífices simultáneos, Benedicto XIII fue depuesto y declarado antipapa por buena parte de Europa, pero se negó categóricamente a renunciar a su cargo. Refugiado en Peñíscola, con el único respaldo de la Corona de Aragón, transformó las antiguas estancias templarias, sobrias y austeras, en dependencias papales, defendiendo su legitimidad hasta su muerte en 1423.
Ese doble uso convierte a Peñíscola en un caso único: es el único castillo templario de toda Europa que llegó a ser también sede pontificia, un privilegio que solo comparte, ya en otro contexto histórico, con el Vaticano y el Palacio de Aviñón.
Piedra templaria bajo ornamento pontificio
Hoy el visitante puede recorrer tanto las estancias templarias originales —el cuerpo de guardia, con su solución abovedada, y la austera basílica de la Orden— como las dependencias añadidas por Benedicto XIII y su sucesor Clemente VIII, el también aragonés Gil Sánchez Muñoz, segundo y último «papa de Peñíscola». Declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1931, el conjunto ofrece una lectura poco habitual del legado templario: la de una obra que, pese a quedar interrumpida por la persecución de 1307, terminó siendo reutilizada para proteger, un siglo después, la legitimidad de un papa que el resto de Europa se negaba a reconocer.
Fuentes: Wikipedia, "Castillo Palacio de Peñíscola" (contrastada con la bibliografía citada en la entrada); Visita el Castillo, "Historia del Castillo del Papa Luna en Peñíscola"; Spain Heritage Network, ficha del castillo; Rutas con Historia, "Castillo de Peñíscola o Papa Luna".