Los 127 cargos contra el Temple: qué acusaciones concretas figuraban en el interrogatorio inquisitorial de 1307
Más allá de la palabra genérica 'herejía', el cuestionario que se usó para interrogar a miles de templarios detallaba una lista muy específica de acusaciones. Repasarlas una a una ayuda a entender qué se les preguntaba exactamente, y por qué.
Un cuestionario diseñado para obtener respuestas concretas
El interrogatorio inquisitorial contra los templarios no se limitó a preguntar de forma genérica si la Orden era hereje: los inquisidores franceses trabajaron a partir de un articulado de 127 preguntas, elaborado para explorar de forma sistemática cada aspecto del supuesto ritual secreto de ingreso y de la vida interna de la Orden, de manera que las respuestas obtenidas —muchas bajo tortura— resultaran coherentes entre los distintos testigos interrogados en distintas encomiendas.
Las acusaciones centrales sobre el rito de ingreso
El núcleo de las preguntas giraba en torno a un supuesto ritual secreto que se realizaba durante la ceremonia de admisión de nuevos caballeros: se preguntaba si el novicio era obligado a negar a Cristo tres veces, a escupir sobre o cerca de un crucifijo, y a intercambiar besos considerados impropios con el oficiante en distintas partes del cuerpo. A esto se sumaba la acusación de adorar en secreto un ídolo, descrito de formas muy diversas y contradictorias por los distintos testigos, lo que ha alimentado durante siglos el debate historiográfico sobre la figura conocida popularmente como "Baphomet".
Acusaciones sobre la vida cotidiana y el gobierno interno
Otro bloque relevante del cuestionario indagaba sobre prácticas cotidianas presentadas como sospechosas: si los capítulos de la Orden se celebraban de noche y a puerta cerrada, si los hermanos se animaban entre sí a mantener relaciones consideradas contrarias a la moral de la época, y si el gran maestre o los comendadores locales se atribuían la facultad de absolver pecados, una potestad reservada en teoría al sacerdocio ordenado, no a un superior laico dentro de una orden militar.
Por qué esta especificidad resulta reveladora hoy
Para los historiadores del proceso, la extrema precisión de este cuestionario, combinada con el hecho de que las respuestas variaran notablemente según el nivel de tortura aplicado en cada región —mucho más sistemática en Francia que en Inglaterra o Castilla, como demuestran los diferentes porcentajes de confesión registrados en cada reino—, es uno de los indicios más sólidos que se manejan hoy para sostener que buena parte de las acusaciones respondía a un guion prediseñado por la Corona francesa, y no a una investigación abierta sobre hechos verificados de forma independiente.