La última noche libre del Temple: qué hicieron los templarios de Francia horas antes de la redada de 1307
El 12 de octubre de 1307 fue, para miles de templarios repartidos por toda Francia, una jornada aparentemente normal. Ninguno de ellos sabía que, en algún cajón sellado de la administración real, ya estaba escrita la orden que acabaría con su vida tal com
Una jornada que empezó como cualquier otra
El 12 de octubre de 1307 era, para la inmensa mayoría de los templarios franceses, un jueves más: rezos, trabajo agrícola o administrativo en las encomiendas, comidas en silencio, vísperas al atardecer. No hay indicios de que la Orden, como institución, sospechara la magnitud de lo que se avecinaba, pese a que las relaciones entre Felipe IV y el Temple llevaban meses tensas por la negativa del gran maestre Jacques de Molay a fusionar la Orden con los Hospitalarios, una idea que el propio rey había promovido con interés.
Un pequeño grupo que sí tuvo tiempo de reaccionar
No todos ignoraban por completo el peligro. Según el testimonio posterior de Jean de Chalon, incorporado al proceso, un reducido grupo de dignatarios de la Orden, entre los que se encontraba el tesorero, abandonó esa misma noche la encomienda parisina con cincuenta caballeros, transportando en tres carros el tesoro y los archivos de la preceptoría, camino del puerto de La Rochelle. Se trata de la única evidencia documental seria de que alguien, dentro del Temple, actuó como si intuyera que algo grave estaba a punto de ocurrir; el resto de la Orden, disperso en cientos de encomiendas rurales y urbanas, permaneció completamente ajeno a lo que se preparaba en la corte.
Mientras tanto, en la administración real
A esa misma hora, decenas de oficiales del rey en distintas ciudades de Francia guardaban ya, sellados, los pliegos que Guillaume de Nogaret llevaba semanas preparando: instrucciones detalladas sobre cómo proceder al arresto, qué cargos formales leer a los detenidos y, sobre todo, la orden explícita de no abrir esos documentos hasta el amanecer siguiente. Ningún templario de a pie, ocupado en sus tareas cotidianas esa tarde del 12 de octubre, tenía forma de saber que su nombre ya figuraba en una lista que un funcionario real guardaba, sin abrir todavía, a pocos metros de su propia encomienda.
El contraste que explica el resultado
Ese contraste entre una Orden que vivía su rutina más ordinaria y una operación estatal ya en marcha, coordinada durante semanas en el más absoluto secreto, es, para los historiadores del proceso, la clave que mejor explica por qué la resistencia templaria en Francia fue tan limitada al día siguiente. No hubo tiempo de reaccionar porque, salvo esa fuga puntual y discreta hacia La Rochelle, prácticamente nadie en la Orden sabía, la noche del 12 de octubre de 1307, que estaba viviendo sus últimas horas como templario libre.