Inglaterra, el reino donde Eduardo II protegió a los templarios hasta que ya no pudo más
Inglaterra, el reino donde Eduardo II protegió a los templarios hasta que ya no pudo más
Un rey que se resistió a la presión de su propio suegro
Cuando Felipe IV de Francia desencadenó la persecución contra el Temple en octubre de 1307, escribió de inmediato a otros monarcas europeos animándolos a seguir su ejemplo. Su yerno, el rey Eduardo II de Inglaterra, reaccionó de forma muy distinta a la esperada: en lugar de secundar de inmediato las acusaciones, se apresuró a advertir a varios soberanos sobre lo que consideraba calumnias infundadas propagadas desde Francia. No fue hasta que el papa Clemente V emitió, el 22 de noviembre de 1307, la bula "Pastoralis praeminens" ordenando la detención de los templarios en toda la cristiandad, cuando Eduardo II se vio obligado a actuar, procediendo finalmente al arresto de los templarios ingleses en 1308.
Torturar era ilegal, hasta que dejó de serlo
La diferencia más notable respecto al proceso francés fue el uso de la tortura, una práctica ajena a la tradición legal inglesa de la época y que la Corona se resistió inicialmente a aplicar. Esa resistencia se mantuvo durante varios años, con templarios ingleses —especialmente los de York, según distinguen algunos cronistas de la época frente a los de Londres— negando de forma sistemática las acusaciones de herejía. La presión papal, sin embargo, terminó imponiéndose: bajo mandato de Clemente V, la tortura se introdujo finalmente en suelo inglés en 1311, una novedad jurídica de calado que marcó un antes y un después en la historia legal del reino, aunque su aplicación fue mucho más limitada que en Francia.
El 25 de noviembre de 1309, el arzobispo de Canterbury convocó un concilio en la catedral de San Pablo de Londres para tratar el caso de los templarios ingleses. Las actas originales de aquella reunión no se conservan, lo que ha generado interpretaciones divergentes entre los historiadores sobre su resultado exacto, aunque la mayoría coincide en que no se probó ninguna doctrina herética sistemática dentro de la Orden en territorio inglés.
Penitencia en vez de hoguera
El desenlace final llegó el 1 de julio de 1311, cuando el arzobispo de Canterbury pronunció la absolución formal de los templarios ingleses. En lugar de la ejecución que sufrirían sus hermanos franceses tres años más tarde, los caballeros absueltos fueron enviados a cumplir penitencia en distintos monasterios del reino, donde, según recogen algunas crónicas posteriores, «vivieron después santamente». Sus bienes, considerables en extensión, no revirtieron directamente a la Corona como ocurrió en Francia con parte del patrimonio templario, sino que en su mayor parte se destinaron a la Orden de los Caballeros Teutónicos.
El contraste entre el desenlace inglés y el francés resulta especialmente revelador porque ambos procesos partieron de las mismas acusaciones papales y del mismo marco legal internacional, pero produjeron resultados radicalmente distintos según el grado de coacción aplicado en cada reino, un patrón que —como ocurrió también en la Corona de Aragón— refuerza la idea de que la culpabilidad de los templarios dependió mucho más del procedimiento judicial empleado que de una conducta herética real y generalizada dentro de la Orden.
Fuentes: Torre de Babel Ediciones, "Concilios contra la orden de los caballeros templarios"; Wikipedia, "Caballeros templarios", apartado sobre el desarrollo del proceso en distintos reinos europeos; World History Encyclopedia, "Los caballeros templarios" (versión en español, contrastada con la bibliografía citada); Malcolm Barber, "The Trial of the Templars", sobre el contraste procesal entre Francia e Inglaterra.