Ambel, la encomienda templaria que hoy es un palacio con escudos de otra Orden
El palacio fortificado de esta localidad zaragozana conserva la huella de dos órdenes militares superpuestas: los templarios que lo levantaron y los sanjuanistas que heredaron sus muros tras 1308
Un trueque territorial en la Zuda de Barcelona
La villa de Ambel, en la provincia de Zaragoza, y su fortaleza aparecen documentadas ya en 1137, en pleno proceso de repoblación cristiana del valle del Ebro tras la conquista de Alfonso I el Batallador. Pero su vínculo con el Temple no llegaría hasta unos años después: el 21 de julio de 1151, Ramón Berenguer IV, príncipe de Aragón y conde de Barcelona, cedió a la Orden del Temple las villas y castillos de Ambel y Alberite a cambio de Borja y Magallón, en un acuerdo territorial sellado en la Zuda de Barcelona ante varios caballeros aragoneses y el conde de Pallars. El trueque zanjaba además una reclamación previa que se remontaba a una donación anterior de Pedro Taresa, hijo de Teresa de Borja.
Ambel pasó entonces a depender de la gran encomienda de Novillas, la cabecera administrativa de los dominios templarios en la ribera del Ebro, hasta que en 1162 obtuvo comendadores propios. Su primer comendador documentado, Pedro López, aparece en las fuentes en 1178, casi tres décadas después de la cesión inicial, un desfase que ilustra lo gradual que podía ser la consolidación administrativa de una encomienda templaria de tamaño medio.
De casa templaria a palacio sanjuanista
Tras la disolución de la Orden en 1312, Ambel pasó a la Orden de San Juan de Jerusalén, bajo la Castellanía de Amposta, y se convirtió con el tiempo en una de sus encomiendas más importantes de la comarca. El edificio que hoy puede visitarse, el llamado Palacio de la Orden de San Juan de Jerusalén, se levantó a partir del siglo XIV sobre el solar del antiguo castillo templario, de manera que la construcción actual es en gran medida obra hospitalaria posterior, aunque conserva el emplazamiento y buena parte de la memoria del enclave original.
De planta rectangular, maciza y reforzada por dos torreones adelantados en la fachada principal, el palacio se organiza en torno a un patio central. En su interior apenas queda rastro visible de la etapa templaria propiamente dicha, pero la capilla, dedicada a San Gabriel, conserva numerosos elementos heráldicos correspondientes ya a la Orden de San Juan, lo que convierte a Ambel en un ejemplo especialmente claro de cómo un mismo enclave fortificado puede narrar la sucesión completa entre dos órdenes militares medievales.
Un enclave para entender la continuidad, no solo la ruptura
Frente a los grandes castillos templarios que resistieron el asedio real en 1307 y 1308, Ambel ofrece una perspectiva distinta: la de una encomienda que cambió de manos de forma relativamente ordenada dentro del propio engranaje de las órdenes militares aragonesas, sin batallas ni sitios prolongados. Formando además conjunto con la iglesia de San Miguel, del siglo XIV, y declarado Bien de Interés Cultural, el enclave permite trazar sobre el terreno la transición que en tantos otros lugares de la Corona de Aragón quedó solo registrada en documentos notariales.
Fuentes: Patrimonio Cultural de Aragón, ficha del Palacio Fortificado de Ambel; Wikipedia, "Palacio de la Orden de San Juan de Jerusalén" y "Ambel (Zaragoza)" (contrastadas con la bibliografía citada en ambas entradas); Ayuntamiento de Ambel; estudio académico "Paisaje y señorío: la casa conventual de Ambel (Zaragoza)", sobre la arqueología e historia de las órdenes del Temple y del Hospital en el enclave.