Ambel, la casa templaria mejor documentada de España: 108 pergaminos del siglo XII conservan su historia entera
En este pequeño pueblo de Zaragoza, entre Trasmoz y el monasterio de Veruela, se conserva algo poco habitual en el patrimonio templario español: un archivo casi completo que permite reconstruir la vida cotidiana de la encomienda día a día.
Una donación de 1151 que inició casi dos siglos de historia documentada
El castillo y la villa de Ambel, en la comarca zaragozana del Campo de Borja, pasaron a manos del Temple en 1151, cuando Ramón Berenguer IV, príncipe de Aragón, cedió el enclave a la Orden a cambio de otros territorios. Formó parte primero de la gran encomienda de Novillas y, desde 1178, se convirtió en encomienda independiente con comendador propio, gestionando un señorío agrícola dedicado sobre todo al cultivo de la vid, actividad que la comarca conserva hoy bajo la Denominación de Origen Campo de Borja.
Un archivo que sobrevivió casi intacto
Lo que distingue a Ambel de la mayoría de encomiendas templarias españolas es la extraordinaria conservación de su documentación: el fondo histórico conservado en el Archivo Histórico Nacional incluye 108 pergaminos fechados entre 1138 y 1549, además de varias cajas de papeles sueltos y libros de cuentas posteriores. Ese volumen de documentos, estudiado en profundidad por el arqueólogo británico Christopher Gerrard en una monografía de referencia publicada en 2003, ha permitido a los historiadores reconstruir con un detalle inusual la organización interna de una encomienda templaria: quiénes vivían allí, qué rentas producía la tierra, cómo se administraba la bodega y qué inventario de bienes muebles guardaba la casa conventual.
De la disolución del Temple a la Orden de San Juan
Tras la disolución de la Orden en 1312, Ambel pasó en 1317 a la Orden de San Juan de Jerusalén, que mantuvo su titularidad durante más de cinco siglos, hasta las desamortizaciones del siglo XIX. El actual conjunto monumental, con la Iglesia de San Miguel Arcángel y el llamado Palacio de la Orden del Hospital, conserva restos constructivos de época templaria bajo las reformas posteriores, incluyendo posibles vestigios de origen islámico anteriores a la propia llegada del Temple.
Por qué merece una visita distinta a la de un castillo
A diferencia de las grandes fortalezas fronterizas como Monzón o Miravet, Ambel ofrece una experiencia más íntima: pasear por un pueblo pequeño y bien conservado, con su iglesia gótico-mudéjar y sus casas señoriales, sabiendo que cada rincón está respaldado por siglos de archivo documental en lugar de por tradición oral. Se puede combinar en una misma jornada con una visita al cercano Monasterio de Veruela, y con una ruta por las bodegas de la Denominación de Origen Campo de Borja, para quienes quieran sumar turismo enológico a la escapada histórica.