¿Hubo mujeres templarias? El mito de la Orden exclusivamente masculina, puesto a prueba con los documentos
La imagen popular del Temple como una hermandad estrictamente de hombres no resiste del todo el contraste con los archivos medievales, que registran, aunque de forma minoritaria, la existencia de auténticas 'hermanas' de la Orden.
Lo que decía la Regla, y por qué no era el final de la historia
Es cierto que la Regla del Temple contiene pasajes que desaconsejan explícitamente la compañía de mujeres, advirtiendo del peligro que suponía su presencia para el voto de castidad de los caballeros, y que llegó a establecer que las damas dejaran de ser recibidas como hermanas en las casas de la Orden. Sin embargo, esa misma Regla reconoce, en su formulación, que la práctica de admitir mujeres había existido antes de esa restricción, lo que implica que la exclusión femenina no fue un principio fundacional absoluto, sino una norma que se fue endureciendo con el tiempo frente a una realidad previa más compleja.
Casos documentados en la Corona de Aragón
La documentación conservada recoge varios casos concretos de mujeres vinculadas formalmente a la Orden como sorores Templi, "hermanas del Temple". En la encomienda de Barberà, en Tarragona, la catalana Ermengarda de Oluja ingresó en el Temple en 1196 junto a su marido, y tras enviudar pronunció los votos completos, llegando a ejercer como comendadora de esa encomienda "doble", con presencia tanto masculina como femenina, y participando como máxima autoridad local en la recepción de nuevos caballeros y damas. En la cercana preceptoría del Rourell, la documentación de finales del siglo XII también registra a una mujer al frente de la casa, un caso que los investigadores consideran una notable rareza dentro de la organización templaria.
Un rastro que llega hasta Galicia
El fenómeno no se limitó a Cataluña: en el reino de Galicia, un documento de 1201 identifica a Urraca Vermúdez, calificada literalmente como "hermana del Temple" y "hermana de la milicia del Temple", interviniendo en una operación de compraventa de bienes en nombre de la institución, uno de los testimonios más claros de que estas mujeres no eran meras donantes piadosas, sino miembros con capacidad de representar formalmente a la Orden en asuntos patrimoniales.
Una minoría real, no una leyenda moderna
Conviene precisar los términos exactos del debate: nadie sostiene, con base documental seria, que las mujeres combatieran junto a los caballeros en el campo de batalla, ni que su presencia en la Orden fuera numéricamente comparable a la masculina. Lo que sí puede afirmarse, con el respaldo de casos concretos como los de Barberà, el Rourell o Betanzos, es que la imagen de un Temple absolutamente cerrado a la mujer, repetida con frecuencia como si fuera un hecho incuestionable, simplifica en exceso una realidad documentada más matizada: una presencia minoritaria, pero real, verificable y con funciones administrativas de responsabilidad en algunas encomiendas concretas de la península ibérica.