Gonzalo Ramírez, el maestre templario que abrió camino en Las Navas de Tolosa
En la vanguardia de la mayor victoria cristiana de la Reconquista, el 16 de julio de 1212, los templarios combatieron junto a las órdenes de Calatrava, Santiago y el Hospital bajo el mando de su propio maestre
Una coalición cristiana sin precedentes
La batalla de Las Navas de Tolosa, librada el 16 de julio de 1212 cerca de Santa Elena, en la actual provincia de Jaén, representa uno de los puntos de inflexión más claros de toda la Reconquista. El rey Alfonso VIII de Castilla, escarmentado por la derrota sufrida en Alarcos en 1195, dedicó años a construir una coalición inédita entre reinos cristianos que habitualmente competían entre sí: Castilla, Aragón bajo Pedro II, Navarra bajo Sancho VII y contingentes procedentes de Portugal y de allende los Pirineos, todo ello bajo el paraguas de una cruzada predicada por el papa Inocencio III.
A ese ejército de coalición se sumaron las cuatro grandes órdenes militares que operaban en la península: el Temple, el Hospital de San Juan, Calatrava y Santiago. Su papel no fue meramente simbólico. Según las crónicas conservadas, la vanguardia del ejército cristiano se formó precisamente con las órdenes militares, encargadas de encajar la primera embestida del ejército almohade, mientras el grueso de las tropas de Alfonso VIII actuaba como núcleo central y reserva estratégica, y las alas, al mando de Pedro II y Sancho VII, protegían los flancos.
El maestre que dirigió a los templarios
Al frente del contingente templario marchaba su propio maestre, don Gonzalo Ramírez, situado junto al prior hospitalario don Gutierre de Armíldez, el maestre santiaguista don Pedro Arias de Toledo —que ejercía además como primer porta-estandarte del ejército— y el maestre calatravo don Ruy Díaz de Yanguas. Las crónicas medievales destacan que estas órdenes, a diferencia de otros contingentes nobiliarios, respondían únicamente ante la autoridad papal, lo que les confería una disciplina de combate distinta a la de las huestes señoriales convencionales.
El desenlace de la batalla, con la ruptura de las líneas almohades y la retirada del califa Muhammad al-Nasir, conocido en las crónicas cristianas como Miramamolín, marcó el inicio del declive definitivo del poder almohade en la península y abrió el camino a las grandes conquistas del siglo XIII: Córdoba, Sevilla, Valencia y Mallorca caerían en manos cristianas en las décadas siguientes, en campañas donde templarios, hospitalarios y las órdenes hispánicas volverían a desempeñar un papel destacado.
Un episodio que conecta con la fundación de las órdenes hispánicas
Las Navas de Tolosa resulta especialmente interesante para entender el papel del Temple en Iberia porque muestra a la Orden combatiendo codo con codo con instituciones nacidas específicamente para la Reconquista, como Calatrava, fundada en 1157, o Santiago, surgida en la década de 1170. A diferencia de estas órdenes hispánicas, el Temple llegaba a la batalla con la experiencia acumulada en las cruzadas de Tierra Santa, una experiencia militar que las crónicas de la época consideraban decisiva para el resultado final del enfrentamiento. Para quien quiera profundizar en la contribución templaria a la Reconquista más allá de sus castillos y encomiendas, el rastro documental de Las Navas de Tolosa ofrece una vía de entrada tan concreta como poco explorada en comparación con la fama que ha alcanzado la batalla en su conjunto.
Fuentes: Filosofía.org, "Las Navas de Tolosa. Alfonso VIII y Enrique I en Castilla" (crónica histórica con relación nominal de los maestres participantes); Nueva Revista, "1212: Las Navas de Tolosa, batalla y leyenda"; History of Spain, "La gran batalla de las Navas de Tolosa (1212)"; España en la Historia, "La Batalla de las Navas de Tolosa (16.7.1212)".