Chipre: la isla que el Temple compró, vendió en meses y a la que volvió como último refugio hasta 1310
Ningún otro territorio tuvo con la Orden una relación tan accidentada: el Temple llegó a poseerla por completo, se deshizo de ella casi de inmediato, y décadas después la convirtió en su cuartel general final, tres años más allá de la disolución del resto
Una isla comprada y revendida en cuestión de meses
En 1191, Ricardo Corazón de León conquistó Chipre de camino a la Tercera Cruzada y, poco después, vendió la isla completa a la Orden del Temple. La propiedad templaria duró muy poco: ante una rebelión de la población local que la Orden no pudo controlar con eficacia, los templarios optaron en 1192 por traspasar la isla a Guy de Lusignan, antiguo rey de Jerusalén que necesitaba una compensación territorial tras perder su reino. Los descendientes de Lusignan gobernarían Chipre como reino independiente durante los siguientes casi tres siglos, aunque el Temple conservó allí posesiones y plazas fuertes propias, conviviendo con la nueva dinastía real.
De Acre a Nicosia: el refugio tras la caída de Tierra Santa
Cuando Acre cayó en manos mamelucas en 1291, poniendo fin a los estados cruzados en Oriente, el Temple trasladó su cuartel general a Chipre, la posesión cristiana más cercana que quedaba en la región. La convivencia con la dinastía Lusignan resultó tensa desde el principio, hasta el punto de que la propia Orden llegó a participar activamente en una revuelta palaciega que destronó al rey Enrique II de Chipre en favor de su hermano Amalarico, un episodio que revela hasta qué punto el Temple seguía actuando como un actor político de peso, incluso ya debilitado tras la pérdida de Tierra Santa.
Tres años de ventaja sobre el resto de la cristiandad
Esa base insular permitió a la Orden sobrevivir en Chipre varios años más que en la mayor parte de Europa: mientras que el grueso del proceso contra el Temple se desarrollaba en Francia desde 1307, los templarios chipriotas no fueron arrestados hasta 1310, casi tres años después del golpe inicial de Felipe IV, protegidos en parte por la distancia geográfica y por la propia inestabilidad política del reino de Lusignan, más pendiente de sus propias luchas internas que de las presiones llegadas desde París y Aviñón.
El final de un vínculo de más de un siglo
La disolución oficial de la Orden en 1312 alcanzó finalmente también a Chipre, y sus posesiones en la isla pasaron, como en la mayor parte de Europa, a la Orden del Hospital, que mantendría después una presencia relevante en el Mediterráneo oriental durante siglos. El caso chipriota resume bien la trayectoria completa del Temple en su relación con un mismo territorio: de propietario absoluto a socio incómodo de la realeza local, y finalmente a último bastión de una institución que, en el resto de la cristiandad, ya llevaba años desapareciendo.