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El Reino de Mallorca, el territorio ibérico que gestionó la caída del Temple casi en solitario

Entre 1276 y 1349, Mallorca fue un reino independiente, separado de la Corona de Aragón. Eso convirtió su proceso contra los templarios en un caso propio, con un rey, Jaime II de Mallorca, que actuó por cuenta propia mientras Roma decidía el destino de la

✍️ Admin 📅 11 de August de 2026 ⏱ 2 min de lectura 👁 11 visitas
Castillo-palacio medieval junto al mar Mediterráneo, con murallas de piedra dorada iluminadas por luz de atardecer

Un reino nacido de un testamento, no de una conquista

El Reino de Mallorca surgió en 1276 por decisión testamentaria de Jaime I el Conquistador, que separó las islas Baleares, el Rosellón, la Cerdaña y el señorío de Montpellier de la Corona de Aragón para entregárselos a su segundo hijo, también llamado Jaime. Ese origen convirtió a Mallorca en una entidad política independiente, aunque vasalla de la Corona de Aragón según distintos tratados firmados a lo largo de las décadas siguientes, con su propia administración, su propia moneda y, cuando llegó el momento, su propia gestión del proceso contra los templarios.

Jaime II de Mallorca, no confundir con su sobrino aragonés

Quien gobernaba Mallorca cuando estalló el proceso templario en 1307 era Jaime II de Mallorca, tío del rey aragonés Jaime II el Justo, con quien no debe confundirse pese a compartir nombre y titulación real. El monarca mallorquín, que había impulsado una notable política de colonización agraria y de fortalecimiento de su reino insular, murió en 1311, en pleno desarrollo del proceso, dejando a su sucesor, Sancho de Mallorca, la tarea de completar la disolución de la Orden en su territorio.

Una confiscación sin apenas resistencia armada

A diferencia de lo ocurrido en Aragón, donde templarios como los de Miravet o Castellote resistieron atrincherados durante meses, no hay constancia de una resistencia armada organizada en las islas Baleares. El proceso en Mallorca avanzó de forma principalmente administrativa: la apertura del proceso contra la Orden permitió a la Corona mallorquina incautar directamente las rentas templarias en las islas, en un movimiento que, como en Castilla, benefició sobre todo a las arcas reales antes que a los Hospitalarios, oficialmente designados por Roma como herederos del patrimonio templario.

Un territorio que desaparecería poco después

El propio Reino de Mallorca tendría una vida política corta: tras décadas de tensión con la Corona de Aragón, fue definitivamente reincorporado a esta en 1349, apenas 35 años después de la disolución del Temple. Ese final convierte al episodio templario mallorquín en un caso de estudio interesante para los historiadores: el de una entidad política pequeña, con recursos administrativos limitados frente a las grandes coronas europeas, que aun así logró gestionar la desaparición de la Orden más poderosa de la cristiandad casi en solitario, sin depender directamente de las decisiones tomadas en París o en Zaragoza.

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